Nos duele la muerte del médico Alberto Tico Aroca, pero también el atentado contra Álvaro Morón o Celso Castro. Pero también nos duelen los asesinatos que ocurren en Lorenzo Morales, en Nando Marín, en La Nevada, en Los Guasimales, donde caen esas víctimas sin apellidos de alcurnia en cualquier calle de Valledupar. Y aunque el gobierno estratifica los crímenes dependiendo del rol social y con base en ello, establece las recompensas para esclarecerlos,  todos los asesinatos nos debieran doler por igual.

Pero, ¿qué significan estos crímenes? Para los ciudadanos que poco a nada conocen de las guerras internas que históricamente se han vivido en esta hermosa Valledupar entre algunas familias, estos crímenes no son más que el producto de la inseguridad que padece la capital del Cesar.

Los epítetos lanzados contra el Alcalde a través de las redes sociales minutos  después de la muerte de Aroca, me llevaron a creer sinceramente que Augusto Ramírez Uhía este 20 de agosto, madrugó y salió a la calle vestido de Rambo y con pistola en mano esperó al galeno, lo llamó por su nombre y le propinó dos disparos en la cabeza. ¿Eso es lo que creemos?. ¿Cada muerte es culpa del Alcalde o de la Policía?. ¿De verdad ellos son los responsables de todo?

No pretendo defender el mandatario.  A lo largo de estos cuatro años, he sido un crítico de muchas de las decisiones y acciones de Ramírez Uhía especialmente porque siempre me pareció que estaba haciendo campaña y pretendía que el mundo girara a su alrededor en las redes sociales,  pero de ahí a atacarlo calificándolo de todo lo que lo califican por los asesinatos que se presentan en la ciudad,  es una gran desfachatez.

Luego de ver a tanto alcalde enredado con esto del orden público, he llegado a la conclusión que ninguno de ellos podrá solucionar eso de que la gente se esté matando.

Y no lo podrán hacer por varios factores. Lo primero sea decir que mientras exista una periferia tan pobre debido a la falta de oportunidades y a la mala cabeza de muchos que se reproducen como curí, seguiremos teniendo más gente y menos posibilidad de trabajar.

Mientras sigamos teniendo padres ausentes y faltos de carácter, seguiremos teniendo niños indisciplinados que se le salen de las manos a quienes beberían estarlos criando con amor y mano dura a la vez.

Mientras los corruptos se sigan robando el erario, en todos los estamentos, en mandos medios y altos, continuaremos con calles pavimentadas en barrios donde no hay ni para comer.

Mientras a las autoridades les siga dando miedo meterse a las guerras internas de algunas  familias pudientes, con el fin de hacer justicia o de ponerlos a firmar pactos de paz, no podrán frenar el baño de sangre que nos sacude.

Mientras tengamos un aparato judicial tan débil y corrupto, nada podremos hacer para que los sicarios no permanezcan en prisión domiciliaria que a la postre es libertad.

Mientras siga la sociedad apoyando a los que violan las leyes no llevando consigo los documentos de su vehículo al día, se nos seguirán colando los sicarios disfrazados de humildes mototaxistas, y mientras ellos mismos no hagan el respectivo espulgue al interior de su gremio, las armas andarán por ahí de mano en mano.

Este asunto es de todos. Deberíamos comenzar con que nos dolieran todos los asesinatos desde el más encopetado hasta el más humilde, y con desarmar las palabras y dejar la bellaquería de aprovechar el momento para echarle sal a la herida con el fin de promocionar nuestros intereses políticos.

¿Y qué tal si dejamos de esperanzarnos tantos en los candidatos que están al ruedo hablando de seguridad? Algunos de ellos estarán pronto debajo del techo y sabrán donde cae la gotera. En menos de un año estaremos crucificando a quien elijamos el 27 de octubre, por las mismas razones, porque matan y nosotros no tenemos la culpa, sino ellos.

Por Limedes Molina Urrego

Director Tuperfil.net 

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