Don Luis Fernando Gelvis tenía 66 años de edad, pero el trabajo duro lo hacía parecer de más. Llegó a Valledupar hace varios años procedente de Cúcuta donde nació. Se ganaba la vida arreglando planchas, licuadoras y abanicos. Pequeñas marañitas con las que lograba tener algo en el bolsillo para mitigar la pobreza en la que siempre vivió.

Tal era su pobreza, que  sus hermanos en la fe de la iglesia Pentecostal eran quienes le ayudaban en algunas cosas que necesitaba para vivir. La comida la obtenía a diario en un comedor comunitario de esos que lidera la Administración Municipal de Valledupar.

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Pero don Luis era hipertenso. Por una crisis producto de esa enfermedad, un vecino suyo de la invasión Brisas de La Popa donde vivía, lo acompañó el pasado domingo 26 de octubre al hospital Eduardo Arredondo Daza del barrio La Nevada para que lo atendieran.

El caritativo vecino dejó al adulto mayor en el centro asistencial para que lo atendieran. Lo dejó solo porque tenía que irse a trabajar y porque pensó que debido a su condición de adulto mayor, lo iban a atender más rápidamente que a los otros pacientes que estaban a la espera.

No ocurrió así. A pesar de que don Luis suplicaba que lo atendieran porque se sentía muy mal, nadie le prestó atención. En medio de la desesperación murió víctima de un infarto cuando esperaba en los pasillos del centro asistencial.

Su sepelio se cumplió el martes en una bóveda y metido en un ataúd que la misma administración municipal le donó. La misma administración que le dio la alimentación, pero la misma que lo dejó morir.

No es el primer caso

Según Nora Amariz Catalán, una líder comunitaria del barrio La Nevada, este no es el primer caso que se presenta en el hospital Eduardo Arredondo Daza. Según ella, un señor de nombre Nerio quien contaba con 90 años de edad, también murió en similares circunstancias en el Eduardo Arredondo Daza de La Nevada hace dos meses.

Amariz tiene como hablar del tema, porque aparte de conocer esos dolorosos casos, padeció una situación similar hace unos cinco meses, cuando su abuelita Lesvia también de 90 años, murió en el Eduardo Arredondo Daza del barrio San Martín.

Así se atiende a los adultos mayores en el Eduardo Arredondo Daza, donde al parecer según algunos viejitos consultados por Tuperfil.Net, los médicos y enfermeras creen que sus dolencias son simples chocheras.

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