Crecí en una ciudad en donde por mucho tiempo observé en mi infancia y adolescencia con algo de asombro la configuración del poder político en Valledupar y en el departamento del Cesar. Tanto los cargos de elección popular, así como los de carácter administrativo estaban reservados para un selecto grupo poblacional ubicado en el Novalito, y a quienes dichos dirigentes miraran con ojos de piedad en el Cañahuate para vincularlos en la administración, eso sí, primero tenían que adorarlos como a dioses antes de que les dieran las migajas que los señores dejaban caer de la mesa del poder, sobras que debían agradecer toda la vida votando eternamente por ellos, sin derecho a opinar, aplaudiéndoles todas sus actuaciones incluyendo las equivocadas.

Aquel modelo clasista, en donde el mérito y la capacidad, al igual que la preparación brillaban por su ausencia, arraigó atavismos de tipo cultural en la ciudad de Valledupar, de los cuales aún perviven muchos de ellos en el imaginario colectivo, en la cabeza de dichos dirigentes la ciudad tiene como límite máximo al sur la ceiba entre avenidas fundación y Simón Bolívar, y en el norte como es de esperarse en el pináculo de dicho modelo el Novalito es el centro del universo, de allá vienen los gobernadores, los alcaldes y claro los congresistas, en tan singular modelo de castas no hay cabida ni por asomo para un apellido distinto a quienes vegetan en el club social que se ubica entre las carreras séptima y octava.

Y claro, aquel pensamiento excluyente para poder materializarse precisaba de la masa poblacional que lo adopte como su credo, como una verdad, que se llene de complejos, de miedos, de paradigmas y crea que los únicos capaces de dirigir la provincia de Padilla son los habitantes de aquel barrio norteño, que de vez en cuando como los dioses de la antigua Grecia bajan de su olimpo, (en campaña) para conocer las necesidades de su gente, ahí sí, Valledupar incluye a todos los barrios entre esos las invasiones, y se acuerdan que el Cesar llega hasta San Alberto, recordando pueblitos olvidados, como; Saloa, Zapatoza, Puerto Mosquito, San Roque, Cuatro vientos, Rincón Hondo y otros tantos, en nuestros barrios y pueblos es de máxima resonancia recibir a los “doctores” así no hayan estudiado, pero son “doctores”, porque tienen plata y apellidos, ellos vienen a conocer nuestras necesidades a brindarles solución, en campaña todo es posible, todo es viable, pero sólo en campaña, después olvidan la ruta para llegar a nuestros pueblos y la dirección para llegar a nuestro barrio, sometiéndonos a la desolación inmisericorde de la pobreza, ese fenómeno social que hoy toca al menos al 50% de los habitantes de éste departamento, y que a esos dioses que no bajan en pegasos, sino en lujosas camionetas les sirve, pues, gracias a ese estado de necesidad que ellos mismos crearon, es que gozan de viabilidad y elegibilidad política, ya que más nadie por muy preparado que se encuentre, por muy capaz que sea, está en condiciones materiales de enfrentarlos políticamente hablando.

Lo anterior ha hecho que este desigual territorio solo los nacidos en cuna de virreyes tengan posibilidad de dirigir, de representar, así representen y dirijan nada más sus intereses, como los de sus familias, un claro ejemplo de mala dirección es el pálido papel desempeñado por los congresistas en donde tenemos de todo como en botica, los 6 parlamentarios del Cesar, descaradamente se convirtieron en defensores del indigno ministro Carrasquilla en el debate de los bonos de agua, votando negativa la moción de censura promovida contra dicho ministro. Sería imperdonable olvidar que, los mismos seis ineptos estaban a favor del proyecto de reforma tributaria que se hundió gracias a la movilización social, pero que en la anterior legislatura habían aprobado una reforma similar, escasamente responden el llamado a lista, algunos ni eso hacen, la Corporación Congreso Visible contabilizó 33 ausencias a José Alfredo Gnecco y 53 para Ape Cuello, dos reyes del ausentismo, contra ambos un grupo ciudadano adelantó la acción de pérdida de investidura. En una línea igual de dramática el mudo Didier Lobo dio a conocer su voz en el parlamento para con ponencia negativa votar en contra de la prohibición del fracking, así como lo leen, para que siga adelante la nefasta iniciativa de fracturamiento de la tierra con el fin de extraer petróleo, en un departamento que lo único que recibe de la minería a gran escala es el irreparable daño ambiental. El arrodillado de Eliecer Salazar se convirtió en el defensor de oficio de los ministros de hacienda y de defensa, Cristian José Moreno quien se hace elegir con el sofisma de una pública confrontación con el Clan Gnecco, pero se amanceba con ellos en la tiniebla, primero fue defensor a ultranza de la Paz, después apoyó a los que dijeron que había que hacer trizas esos acuerdos, cierra el sexteto Chichí Quintero, sin penas ni glorias, con más penas que cualquier otra cosa, con una nula actuación en el congreso ahora busca que su heredero represente los intereses de su familia.

Todos ellos, sin excepción, al servicio del Clan Gnecco, amanuenses de la desidia política y administrativa que arroja como resultado, desempleo, pobreza y pobreza extrema elevada a niveles impensados, obras inconclusas o de mala calidad, sin ningún pudor clavándole a la alimentación escolar de nuestros infantes el kilo de hígado a $65.000 pesos, sin olvidar el episodio de los mangos podridos en Aguachica, pasando por la dantesca situación de la red pública hospitalaria del departamento, de las cuales se destacan los Hospitales Rosario Pumarejo, José David Padilla Villafañe y el San Andrés de Chiriguaná, en donde además de no pagarle al personal asistencial, y tener unas cooperativas encargadas de desangrarlos, no hay una sola jeringa. Este modelo fatídico cuyos máximos exponentes ya fueron referenciados, está próximo a ser examinado en las urnas, ya se avecinan las campañas, y aparecerán como por arte de magia a prometer como de costumbre sin ninguna vergüenza lo que se han acostumbrado a incumplir, y que el pueblo ciegamente ha creído en el aplazamiento de dichas promesas con le expresión “esta vez sí”, el próximo certamen electoral en el cual asomarán con grandes cantidades de dinero para la (logística) que no es otra cosa que la compra de votos, desafía la dignidad de los vallenatos y los cesarences en general, para saber si se materializa en favor del pueblo el desafío de Gaitán; “Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es pueblo y no una multitud anónima de siervos.”  Se verá de manera definitiva si cambia el paradigma político, desafiando la tradición de las castas políticas que han pasado de generación en generación, por un cambio histórico en la forma de ver y hacer política decente por ello Valledupar y el Cesar tienen la palabra….

Por Luis Fernando Padilla

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