El 6 de marzo la vida de todos los colombianos cambió por completo. El Ministerio de Salud reportó el primer caso de Covid 19 en el país, y de pronto, la locura que ocurría al otro lado del mundo y que pensábamos que nunca nos tocaría a nosotros, se convirtió en nuestra realidad. Y a pesar de que el Covid 19, sin duda alguna, ha sido una tragedia en muchos sentidos, hay otra forma de mirar las cosas, desde eso que hemos aprendido.

Adquirimos nuevas formas de cuidarnos, de aprender, de convivir, de compartir con amigos, de entretenernos, de hacer fiestas, de reunirnos como iglesia, y de decir te amo. Cuando la mejor forma de proteger a quienes más queríamos era estando lejos, y aquellos gestos como un beso, un abrazo o una simple caricia eran imposibles, solo allí aprendimos que a veces una simple mirada de lejos podía convertirse en un acto heroico de amor.

Han pasado ya ocho meses desde que nos mandaron para la casa, y pocas semanas desde que nos abrieron las puertas para vivir una “nueva normalidad”. Sin embargo, parece que esa reapertura limitada hubiese sido interpretada por la gran mayoría de colombianos como un regreso a la normalidad anterior.

¡No señores!, el virus no se ha ido, por el contrario el Ministerio de Salud reporta a diario más de 150 muertes y la cifra total ya supera los 33 mil fallecimientos en nuestro país.

¿Qué pasó con el miedo que sentíamos al inicio? Era tan intenso que nos volvimos indolentes para con el mayor desparpajo alejarnos de nuestros semejantes. Hoy, cuando somos el octavo país con más casos de Covid en el mundo, bajamos la guardia, nos relajamos y volvimos a donde nuestros abuelos a ponerlos en riesgo al calor de los tragos.

Sea esta la oportunidad para volver a suplicar, como lo hace el personal médico a diario: no bajemos la guardia, si lo seguimos haciendo nos va a costar muy caro.

Comentario editorial.

Fotografía: Adamis Guerra.

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