El pasado 28 de febrero, fuimos testigos de una espectacular operación dirigida por el gobierno del Presidente Iván Duque. ¡Qué Operación Jaque ni que nada¡ estábamos ante la espectacularidad de la “Operación Regreso a Casa”, que permitió a 33 colombianos volver al país sanos y salvos. Y la alegría no era para menos, estos compatriotas habían regresado del mismísimo infierno, nada más y nada menos que de Wuhan China, ciudad que estaba infectada por el Covid-19, el nuevo enemigo que la humanidad comenzaba a conocer.

Aunque muchos colombianos criticaron al mandatario de los colombianos por la medida, con trinos como “mientras el mundo le huye al coronavirus, Duque lo importa de China”, la mayoría celebramos la decisión de Duque, pues al fin de cuentas por primera vez en la historia, Colombia hacía algo que caracteriza a los gringos; sea donde sea, Estados Unidos se la juega por sus compatriotas para regresarlos sanos y salvos a su nación.

Llegaron los 33 colombianos, quienes venían de una cuarentena estricta en Wuhan, para resistir otra  en la Villa Deportiva de Bogotá. Fueron 14 días encerrados, pero al final salieron sanos y salvos. ¡Aplausos para ellos¡.  Pero, ¿ y Néstor Julián Vélez?. ¿Quién se acordaba de él?. El joven caleño, había sido el único en tomar la decisión absurda de no  dejar la China. ¡Estaba loco¡.

Han pasado 7 meses desde aquel viaje, desde que Júpiter aterrizó en Colombia, y ahora, ese loco que se salió del rebaño, ese absurdo que se mantuvo en el ojo del huracán es el único nombre que salta a la memoria de los colombianos de ese grupo de 34 con él. ¿ Por qué?. ¿Por su valentía?. No. Por su sabiduría.

Néstor Julián sabe que todo lo que sube baja, que todo lo que se caliente se enfría, y que todo pasa. Pero más que lo anterior, este pelao de Cali, quien no la tuvo fácil para irse a la China a estudiar, aprendió a conocer cómo funcionan las cosas en el país que le abrí sus brazos,  y cómo funcionan en el suyo. Por ejemplo, sabía que las cuarentenas se hacían por decisión ciudadana, por cultura y auto disciplina, cosa que por acá en este país muy pocón.

Además, ya había vivido parte de esa cuarentena en la China cuando se inscribió para volver a Colombia, no la pasaba encerrado con hambre; hasta la puerta de su habitación en la universidad donde estaba estudiando, le llevaban su mercado para que no tener que someterse a la disyuntiva diaria de sus compatriotas: o me mata el hambre encerrado o salgo a trabajar arriesgándome a que me mate el Covid.

La tenía clara el muchacho, sabía que el sistema de salud de China, no aprovecharía el momento para seguir tapando de plata a las EPS, ni que los protocolos iban a ser el hazmerreír del mundo, donde todo cabe en el papel, pero en la práctica no pasa nada. Sabía bien, que los chinos aguantarían sin parrandas unos meses, y que las autoridades si habrían cumplir las normas.

Néstor Julián Vélez Grisales, un fiel ejemplo de que a veces moverse es lo peor y quedarse quieto es lo más recomendable.

Y a todas estas, ¿cuántos colombianos de aquellos que regresaron, siguen sin ser contagiados?.

Por Limedes Molina Urrego

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