Mientras el país se horroriza por la desfachatez de Fabio Zuleta al conversar con un palabrero que no sabe donde está parado, acerca de la posible comercialización de una “chinita” de la alta Guajira, estoy más que seguro que el humorista, y no periodista, está sentado tomando wiski debajo de un kiosco en casa de alguno de esos aduladores con plata que tiene el señor Zuleta, y que posiblemente también se horrorizó al escuchar la fatal entrevista – si es que así se le puede llamar a esta charla de sinvergüenzas  – que hiciera el conductor de un programa radial, pero que al verlo llegar con sus palabras lisonjeras y abrazos rompe costillas, sucumbió ante sus encantos.

Es que no se sabe qué es peor, si la mala educación, lo burdo e indolente de  Zuleta, o lo apologistas que somos en esta sociedad que le festeja sus metidas de pata justiciándolo en sus raíces culturales. Ni siquiera la emisora en donde tiene un programa arrendado Fabio, tuvo los pantalones para tomar una decisión, sino que salió simplemente a lavarse las manos aclarando que ellos no tienen responsabilidad en torno de lo ocurrido, cuando lo que se esperaba por parte de esta casa radial, es que tomara la decisión sacar de su parrilla el esperpento de programa que hace el humorista y que todas las tardes lo único que logra es promocionar antivalores utilizando unos chistes de mal gusto, salidos de tono sin importar si la audiencia que le presta los oídos a semejante desfachatez, son de niños.

Ahora bien, Cardenal podría estar pretendiendo hacer entendible su  decisión de no ser radical con Zuleta,  por ejemplo suspendiendo ese espacio, basándose en que es un programa arrendado y esto es un negocio. Es que si algo tiene Zuleta de bueno, es que vende hasta un hueco, y eso para los empresarios de los medios, vale más que la indignación de la sociedad, que el pronunciamiento de un Procurador, y los imaginarios torcidos que se crean y promueven desde un micrófono.

 O si no, préstenle los oídos a productos radiales de algunas emisoras juveniles en la capital del país que en horas de la mañana cuando el estudiante los escucha alistándose para ir al colegio, solo vulgarizan el sexo y promueven hasta el consumo de alucinógenos. O escuche otros programas “humorísticos” que se producen en Valledupar, en donde priman todos los defectos que se conjugan en el humorista de marras, pero eso sí, no se atrasan con el pago del espacio radial, porque al igual que Zuleta mal venden las cuñas que sostienen los espacios.

Ya va siendo hora que se creen figuras como el defensor del radio escucha, como ocurre con el defensor del televidente, así se emitan esos programas por allá a las dos de la mañana. Sería un filtro a aplicar, que ojalá, fuera liderado por las agremiaciones de periodistas, a ver si por fin sirven para algo, porque entre otras cosas, no es posible que sigamos con programas que se vuelven un cuchillo para la propia garganta de las emisoras, que se encuentran con un mercado arrasado por parte de quienes mal venden los patrocinios para poder cumplir con el pago de los espacios, cuando dichas emisoras pudieran crear departamentos de ventas como hacen las cadenas radiales. ¡A ver si les copiamos algo a los que saben!.

Pero volvamos a La Guajira. Es un secreto a voces que en esa zona del país se cambian indígenas por chivos, aunque lo niegue en una entrevista con La W la indígena wayú María del Tránsito Iguarán, quien sin embargo reconoce que los matrimonios acordados entre familias existen, con pocas posibilidades por parte de la joven indígena de decidir por su cuenta si se casa o no.

 No obstante, no fue Fabio Zuleta el que destapó el tema y por lo cual merecería un Pulitzer como no se tardarán algunos en sugerir.   No, Zuleta puso el tema sobre relieve porque se mostró como un potencial traficante de mujeres que arreglaba frente a una cámara, un negocio para adquirir a lo que él llama despectivamente “una chinita”.

El tema es propicio para que el Estado ponga la lupa allí en la alta Guajira por muy alta que esté, pero también es un momento propicio para reflexionar y debatir sobre la calidad de personas que están metidas en los medios de comunicación sembrando antivalores. Ambas cosas son importantes y ojalá uno no termine nublando la otra.

Por Limedes Molina Urrego

@tuperfilnet

Este es el video que ha suscitado tanta controversia en el país

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