Por Limedes Molina Urrego

Si algo caracterizó al gobierno de Franco Ovalle y Tuto Uhía, fue que siempre anduvieron de la mano. Trabajaron juntos, se equivocaron juntos, triunfaron juntos y dejaron cosas buenas y otras que se merecen cuestionamientos como ocurre con todo gobierno. Pero por encima de eso, se observó un respeto mutuo en donde ninguna era el jefe de otro. Ese fue un “matrimonio institucional” que con todas las críticas que se le pueda hacer, dio resultado.

Y con esa esperanza estábamos los vallenatos con los actuales mandatarios. Fotos iban y venían mostrando a un Alcalde muy unido al Gobernador desde el mismo día de la posesión. Incluso, para algunos como yo, creo que más que un matrimonio parecía más bien una sumisión del Mello Castro hacia Monsalvo Gnecco, apreciación que con la que coincidían algunos cercanos al mandatario municipal y que por cierto les comenzaba a disgustar.

Pero llegó el toque de queda, y nos mostró que este matrimonio también tiene sus problemas como toda unión conyugal.  

Ahora bien, ¿por qué nos escandalizamos?.  Es normal que existan puntos de discordia entre dos personas elegidas por el voto popular. El unanimismo nunca ha dejado cosas buenas, más bien de los puntos divergentes se sacan los mejores resultados. Pero, ¿así lo entenderán El Mello y Luis Alberto?.

Es el momento de que los asesores se hagan sentir. El momento de perderle el miedo a sus jefes y hablarles al oído sobre la necesidad de superar las diferencias que apenas comienzan. Es el momento de una sentada, por qué no en el mismo edificio donde ambos gobernantes son vecinos. Es el momento de un mensaje que los muestre unidos pero en donde no pretendan mentir diciendo que todo es color de rosa entre ellos, pues ya quedó en evidencia de que no es así.

Ambos están bajo el mismo Cielo, de seguro podrán ponerse de acuerdo para bien de ellos y de Valledupar que ya bastante sufrió en el pasado con mandatarios compitiendo por sus egos.

Alejo, por Edgardo Mendoza
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