A través de los grupos de WhatsApp, o de Telegram, es muy común leer que algunos motociclistas le advierten a otros en qué sectores están ubicados los retenes de la policía. ¡ No se dejen pillar, se dicen entre si!. Les confieso que me molestan esos anuncios, porque el que nada debe, nada teme.

No obstante por estos días, entiendo el llamado.  Y no solo para los motociclistas, también para los conductores de vehículos de cuatro ruedas. No hay quien venda el Soat en Valledupar, las agencias no lo están expidiendo, y si lo hacen, la demora es larga. La culpa es de la corrupción y nada más.

Nadie monta un negocio para perder, y las aseguradoras están perdiendo dinero a dos manos.

Cualquier accidente, la gente se lo carga al Soat, y lo peor es que la cadena de corrupción que nace en las calles, en las casas, en las oficinas, – porque en cualquier momento se presenta un accidente – continúa con el paramédico, con la clínica, etc. Así no aguanta ningún negocio.

Y lo que menos aguanta, es que el ciudadano que quiere y necesita su SOAT, ahora anda con cuatro ojos evitando retenes, policías, reguladores de tránsito por temor a ser inmovilizado. Y lo que menos aguanta, es que no exista una solución oficial. El Secretario de Tránsito Manuel Palacio, lo dijo en estos micrófonos: tenemos que cumplir la ley, no podemos dejar de imponer las sanciones.

 ¿Y entonces? ¿A qué jugamos? Entendemos que la ley hay que hacerla cumplir, pero nos llena de impotencia que el gobierno, quien tiene el sarten por el mango, no tenga una solución para esta problemática.

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