Sigue el drama de los propietarios no indígenas que tienen fincas o parcelas en territorios adyacentes a los resguardos de los nativos en el área de La Mina y Atanquez por las restricciones impuestas por las autoridades ancestrales en cuanto al acceso a esa zona.

Aducen los afectados que tienen mucho tiempo de tener estas tierras y que por lo tanto se consideran de alguna forma, parte del conglomerado a pesar de no ser de la etnia kankuama que es la que predomina, y que lo que han llevado es el esfuerzo y las ganas de hacer productiva la región, sin embargo, a muchos no los dejan pasar, lo que ha conllevado al deterioro de varios cultivos producción pecuaria por la no atención de estos bienes.

Con la aparición de la pandemia surgió este inconveniente que mantiene a estos parceleros con los brazos cruzados ya que en los portones son devueltos o en pocos casos les permiten visitar una vez al mes lo que no concuerda con la asistencia que deben hacer o al pago de los cuidadores.

En consecuencia, solicitan anónimamente a las autoridades indígenas por miedo a más restricciones que por favor levanten los portones o por lo menos permitan visitas más seguidas y prolongadas para evitar la quiebra o daño de lo ya conseguido.

Aseguran, que algunos indígenas no son consecuentes con lo que predican, pues varios de estos, cuando bajan a Valledupar se les ve en la zona de la Galería sin tapabocas y embriagados sin ningún control, el mismo que dicen aplicar en su zona para que no les llegue el virus.    

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