Vivimos días difíciles. El miedo es sin duda la manifestación más evidente de nuestra fragilidad frente a las adversidades y a los retos que vienen encima, muchas veces sin avisar, pero llegan. Justamente cuando están en frente no es tiempo de lamentos, sino de aprender a sobrellevar esos momentos y tomarlos de la mano para andar con ellos, porque si los llevamos como carga, se nos hace complicado el caminar.

Todo esto del virus COVID-19 ha desatado una cadena de reacciones muy particulares en la pequeña y accesible aldea global. Muchos se han descuidado, otros se escandalizan y exageran con dimensiones jurásicas lo que sucede. Algunos más sacian su sed de escándalo con el despilfarro de muerte que unos medios de comunicación expanden más rápido que la propia pandemia y estamos los que simplemente nos reímos de la situación y tomamos del pelo. (Sé que es algo serio, pero no permito dejarme cegar por la desesperanza).

Las medidas de los gobiernos son simplemente preventivas, está bien y son necesarias para darle solución al mal momento que el mundo trata de sostener y evitar al máximo el apocalipsis zombie. No vamos a ser exterminados; tampoco vamos a andar por las calles caminando con aspecto pálido y buscando comer cerebros. ¡Ojo con eso!

Lo que me viene con todo esto es que, ya sea que exista un “Orden Mundial” que está controlando esto para sus propósitos particulares, o que los norteamericanos hayan creado el virus para desestabilizar a su competencia más grande; incluso, que haya sido a causa de los exóticos y bien sazonados calditos de murciélago con papa criolla y bastante cilantro (¡ah, y aguacate!) tenemos en frente una oportunidad para hacer las cosas mejor.

Todo esto tiene un propósito, sé que sí y así lo he asimilado para no caer en el hoyo de la paranoia. Hablaba con alguien muy especial para mí, y esa persona me hizo caer en la cuenta de algo: tenemos la opción de hacer las cosas diferentes y aprender. Sean dos semanas o la cantidad de días que esta situación nos tenga en zozobra y expectantes, se nos ha abierto un espacio sensacional para salir de la rutina, trabajar de una forma diferente, aprender a mirar otros caminos para hacer lo mismo de todos los días y ser divergentes. Cosas como estar guardaditos en casa y evitar conglomeraciones deben conducirnos a desprendernos del devastador día a día y a conseguir amar más a los que están en casa con nosotros, tan cerca pero por causa del trabajo y los afanes, tan lejos.

Es también una oportunidad para nuestro planeta de respirar con tranquilidad por algunos días. ¡No saben cuán bien le va a hacer a la tierra el descansar de tanta contaminación, de los trancones, de las malas energías, de nuestras quejas diarias, de las basuras que dejaremos de arrojar a las calles y de nuestra exasperante manera de no agradecer ni valorar lo que tenemos!

Existe una entidad superior, unos lo llamamos Dios, otros el cosmos, Buda, Alá, la ciencia, las energías, todos tenemos la mirada puesta en algo más grande que nosotros, y sea cual sea la manera de creer en ello, es esa forma astral e infinita la que está permitiendo que todo esto suceda para cambiar, para frenar un poco y detenernos a hacer evaluaciones, revisiones y por qué no, APRENDER A VIVIR DE OTRA MANERA.

RICARDO JOSÉ JIMÉNEZ JIMÉNEZ

Twitter: @RicardoJmnz

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