Aranceles impuestos por Ecuador a productos colombianos desatan choque comercial y respuesta energética de Colombia

Bogotá / Quito. Enero 23 de 2026-  La relación comercial entre Colombia y Ecuador entró en una fase de alta tensión luego de que el gobierno del presidente Daniel Noboa impusiera nuevos aranceles a exportaciones colombianas, del 30 por ciento, una decisión que llevó a Bogotá a responder con la restricción en la exportación de energía eléctrica hacia el país vecino.

La medida adoptada por Ecuador, que afecta a varios productos de origen colombiano, fue justificada por Quito como parte de una estrategia para proteger su economía interna, fortalecer el recaudo fiscal y enfrentar desequilibrios en su balanza comercial. Sin embargo, desde Colombia se considera que la decisión rompe con los principios de integración andina y afecta directamente a sectores exportadores nacionales.

En reacción a los aranceles, el Gobierno colombiano anunció la limitación temporal del suministro de energía que históricamente ha exportado a Ecuador, argumentando la necesidad de priorizar la estabilidad del sistema eléctrico nacional y revisar las condiciones económicas bajo las cuales se venía realizando el intercambio energético bilateral.

Fuentes oficiales en Bogotá señalaron que la exportación de electricidad no puede mantenerse en condiciones desfavorables mientras se imponen barreras comerciales a los productos colombianos. La decisión fue interpretada como una respuesta política y económica directa a los aranceles establecidos por el Ejecutivo ecuatoriano.

Analistas advierten que la electricidad ha sido uno de los pilares de cooperación bilateral, especialmente en periodos de déficit energético en Ecuador, por lo que la restricción colombiana incrementa la presión sobre Quito en un momento de ajustes fiscales y dificultades en su sistema energético.

Desde Ecuador, el gobierno de Noboa defendió la imposición de aranceles asegurando que se trata de una medida temporal, orientada a proteger sectores sensibles y financiar prioridades internas, aunque reconoció que la decisión ha generado fricciones con su principal socio comercial en la región andina.

Colombia, por su parte, reiteró su disposición al diálogo diplomático y comercial, pero dejó claro que cualquier normalización del flujo energético dependerá de que se revisen los aranceles y se restablezcan condiciones de comercio equitativas.

El choque entre ambos países evidencia un endurecimiento de las posturas económicas y abre un escenario de renegociación de las reglas comerciales y energéticas entre Colombia y Ecuador, con impactos potenciales para empresarios, consumidores y la integración regional.

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