/CRÓNICA/ Guacoche se muere de sed

Guacoche, marzo 5 de 2025 – En el corregimiento de Guacoche, zona rural de Valledupar, el agua se ha convertido en un bien escaso y, para muchos de sus habitantes, en una preocupación diaria que marca el ritmo de la vida en el pueblo.

Aquí, abrir una llave no garantiza nada. Hace mucho tiempo, según cuentan sus habitantes, el agua potable dejó de llegar con regularidad y la comunidad ha tenido que recurrir a carros tanque, a la compra de canecas o simplemente a esperar, con la esperanza de que el próximo suministro alcance para todos.

Deivis Castro, inspector del corregimiento, explica que la situación ha generado inconformidad generalizada entre los cerca de 3.000 habitantes de la población.

“Tenemos más de un mes que no recibimos agua potable por parte de la administración municipal. Actualmente nos abastece la gobernación con un carro tanque semanal, pero eso no es suficiente”, asegura.

El suministro que llega, enviado por la Gobernación del Cesar, apenas alcanza para cubrir una parte de las necesidades de la comunidad. Mientras tanto, desde la Alcaldía de Valledupar —según afirma el inspector— la respuesta ha sido que todavía no existe un contrato vigente para garantizar el servicio.

Pero el problema no es solo la falta de agua potable. Detrás de la crisis hay un sistema de acueducto que, aunque existe, no funciona de manera eficiente.

El agua proviene desde El Alto de la Vuelta y debería abastecer a cuatro corregimientos: Guacoche, Guacochito, El Alto de la Vuelta y Las Raíces. Sin embargo, en el camino se pierde.

Daños en la tubería, desvíos hacia cultivos y el uso del agua por parte de arroceros y ganaderos antes de que llegue a los pueblos son algunas de las razones que explican por qué el líquido no alcanza a todos.

“Hay denuncias formales, pero los procesos han sido muy lentos y la respuesta de la administración ha sido escasa”, afirma Castro.

Además, aclara que el agua que eventualmente llega por ese sistema ni siquiera puede considerarse potable, pues el acueducto todavía no opera con un sistema de tratamiento.

Por eso, para beber, muchas familias dependen del agua que llega en carro tanque o de la que logran comprar.

Ermín Farelo, quien vive en Guacoche desde hace cinco años, conoce bien esa realidad.

Cuenta que el agua que baja desde la zona de Vadillo muchas veces es captada por fincas que instalan sistemas para aprovecharla en cultivos o potreros.

En muchas fincas le ponen ventosas y sacan el agua para regar los potreros o el arroz. Cuando llega acá ya viene muy poca”, dice.

Cuando el carro tanque aparece en el pueblo, los vecinos se apresuran a llenar tanques, baldes y cualquier recipiente disponible. Pero no siempre es suficiente.

“A veces viene el carro de la gobernación. La alcaldía hace más de un mes que no manda. A veces conseguimos agua que traen de Valledupar y toca pagar 3.000 pesos la caneca”, relata.

Para muchas familias, esa es la única opción. Ana Alvarado, otra habitante de Guacoche, explica que incluso cuando hay agua, la calidad deja mucho que desear.

“Si hablamos del agua de aquí de Guacoche, es pésima. No es tratada, solo sirve para lavar, bañarse y hacer los oficios de la casa. Para beber no es”, asegura.

La que llega desde Valledupar, añade, tampoco es constante. “Puede venir cada ocho o quince días y traen un solo tanque para todo el pueblo. Eso no alcanza”.

Mientras tanto, en las calles polvorientas del corregimiento, el tema del agua siempre aparece en las conversaciones.

Los habitantes dicen estar cansados de escuchar promesas cada vez que se acercan las campañas políticas. “Los políticos vienen, prometen que van a cumplir, que van a hacer cosas por el pueblo… pero después no vuelven”, dice Alvarado.

Entre tanto, en Guacoche la rutina continúa marcada por la espera del próximo carro tanque. Porque en este pueblo, donde el calor aprieta y el agua escasea, cada gota cuenta. 💧📰

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