Valledupar junio 9 de 2025. El atentado contra el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay ocurrido el pasado sábado ha encendido nuevamente las alarmas sobre el clima político y de seguridad en Colombia. Aunque Uribe Turbay aún está vivo, pero se debate entre la vida y la muerte, este hecho ha sido interpretado como un fuerte mensaje que revive la sombra de los magnicidios en la historia del país.
«Sin lugar a dudas, esta semana vamos a estar hablando de esta situación», advirtió el analista político Cristian Cárdenas al considerar que este tipo de ataques impacta directamente a todos los actores del escenario político, desde aspirantes a la Presidencia hasta candidatos a concejos o asambleas. “Hoy en día, todo el mundo está en la mira de los criminales”, añadió.
El historiador hizo un recorrido por los principales episodios de violencia contra líderes políticos en Colombia. “Los magnicidios infelizmente han sido capítulos repetitivos que han puesto en jaque nuestra democracia”, aseguró.
El primer magnicidio del siglo XX del que se tiene registro ocurrió en 1914, cuando fue asesinado a hachazos cerca del Capitolio el general Rafael Uribe Uribe, quien portaba en ese momento un proyecto de reforma agraria. Sin embargo, fue con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, que se desató la violencia política moderna en el país.
Gaitán fue baleado al mediodía, al salir de su oficina rumbo al almuerzo. Su muerte generó el Bogotazo y una espiral de violencia que provocó el surgimiento de las guerrillas liberales. “Ese crimen marcó el inicio de una guerra de 60 años que aún sentimos”, explicó Cárdenas.
Ya en los años 80 y 90, los magnicidios adquirieron una dimensión sistemática. En abril de 1984, el entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, fue asesinado por sicarios del cartel de Medellín, hecho que encendió la guerra entre el Estado y el narcotráfico.
Cinco años después, en agosto de 1989, cayó Luis Carlos Galán, el carismático líder liberal, asesinado en Soacha durante un mitin político. Su muerte dio pie al movimiento de la Séptima Papeleta, que desembocó en la Asamblea Constituyente y en la Constitución de 1991.
En ese mismo periodo ocurrió el genocidio de la Unión Patriótica, un partido político surgido de un proceso de paz con las FARC. Sus dos candidatos presidenciales, Jaime Pardo Leal (1987) y Bernardo Jaramillo Ossa (1990), fueron asesinados. Este último murió a manos de un joven sicario de 15 años. A ellos se sumó el homicidio de Carlos Pizarro Leongómez, excomandante del M-19, quien había abandonado las armas y fue asesinado en pleno vuelo comercial un mes después.
Por estos hechos, el Estado colombiano fue condenado internacionalmente debido a su responsabilidad por acción u omisión en los crímenes contra miembros de la UP.
El último magnicidio antes del atentado a Miguel Uribe fue el de Álvaro Gómez Hurtado, asesinado en 1995 al salir de dictar clase en la Universidad Externado. Aunque por años hubo muchas teorías sobre los autores intelectuales, recientemente las FARC asumieron su responsabilidad.
Desde entonces, Colombia había vivido casi 30 años sin atentados de esa magnitud. “Volvimos a los magnicidios, un episodio que creíamos superado”, lamentó Cárdenas, quien también advirtió sobre la creciente polarización política.
“Hoy la izquierda y la derecha se acusan mutuamente de traidores, de mafiosos, de neonazis. Ese discurso radical solo alimenta el odio y puede tener consecuencias como la del sábado”, señaló, haciendo referencia a recientes discursos del presidente Gustavo Petro y también a las expresiones de confrontación de sectores de oposición.
A juicio del historiador, el presidente Petro ha contribuido a normalizar un lenguaje violento. “Aunque lo niegue, ese discurso de odio evoca la violencia. Sus seguidores sienten ira e indignación cuando él asegura que no lo dejan gobernar. Eso genera radicalismos”, indicó.
Pero también hizo un llamado de atención a la oposición. “Cuando un senador dice en público que este gobierno lo vamos a destruir, tampoco es una narrativa propia de una democracia”, criticó, al referirse a las palabras del propio Uribe Turbay en la convención de Asobancaria.
Por último, Cárdenas recordó que ningún espectro político ha estado a salvo de la violencia. Liberales, conservadores, militantes de izquierda, exguerrilleros y ministros han sido blanco de atentados o asesinatos. “Esto nos muestra que nadie está seguro en esta guerra. Y lo más preocupante es que volvemos a repetir patrones que creíamos enterrados”, concluyó.