Colombianos con el bolsillo apretado… pero algunos pagan hasta $39 millones por un Airbnb para ver a Bad Bunny

El contraste quedó en evidencia este fin de semana en Medellín: mientras millones de colombianos sienten cada vez más la pérdida de poder adquisitivo, la fiebre por los conciertos de Bad Bunny disparó los precios de los alojamientos hasta cifras que rozan lo impensable, con propiedades ofertadas por más de $30 millones e incluso denuncias de tarifas cercanas a los $39 millones y superiores por solo tres noches.

El hecho se da en el marco de los tres conciertos consecutivos del artista puertorriqueño en el estadio Atanasio Girardot, un evento que generó una demanda desbordada en plataformas como Airbnb, Booking y Trivago, presionando al alza los precios y encendiendo la polémica en redes sociales por posibles abusos y cancelaciones para revender más caro.

De acuerdo con los reportes, en zonas como El Poblado y Laureles, algunos apartamentos alcanzaron tarifas de hasta $19 millones por tres noches, mientras que propiedades más grandes, con capacidad para grupos, llegaron a ofertarse por cerca de $31 millones, lo que ha generado indignación y debate sobre el impacto de estos eventos en el costo de vida.

Desde el sector hotelero y de hospedajes formales advirtieron que estos precios extremos no representan a toda la industria, sino a una oferta informal que aparece en picos de alta demanda. “Eso no es hospitalidad, es oportunismo. Hay quienes se aprovechan de la falta de control para inflar precios y afectar al consumidor”, señalaron voceros del sector.

La situación también llevó a que la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) anunciara investigaciones, recordando que cancelar reservas para revender más caro puede acarrear multas millonarias.

El fenómeno deja sobre la mesa una pregunta que muchos se hacen en medio de la coyuntura económica: ¿cómo explicar que, en un país donde el dinero alcanza cada vez menos, haya quienes puedan pagar decenas de millones por un alojamiento solo para asistir a un concierto? La discusión no solo es sobre turismo, sino también sobre desigualdad, consumo y los límites del mercado en eventos masivos.

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