Washington D.C., Estados Unidos. Febrero 3 de 2026 – El presidente Gustavo Petro arribó este martes a la Casa Blanca para un esperado encuentro con su homólogo estadounidense Donald Trump, pero su recibimiento quedó marcado por lo que algunos analistas y observadores interpretan como un trato de baja consideración protocolaria por parte de la administración estadounidense.
A diferencia de lo que suele ocurrir con otros mandatarios latinoamericanos, como el salvadoreño Nayib Bukele o el argentino Javier Milei, Trump no salió al pórtico del Ala Oeste a recibir a Petro, un gesto que tradicionalmente simboliza respeto y reconocimiento entre jefes de Estado en visitas bilaterales.
El presidente colombiano llegó a las 10:57 de la mañana (hora local), acompañado por su comitiva y tras salir de la embajada de Colombia en Washington, y se dirigió directamente a las instalaciones presidenciales sin el saludo personal que normalmente se observa en este tipo de encuentros diplomáticos.
Esta ausencia de protocolo no pasó desapercibida en el entorno diplomático, en medio de una agenda delicada marcada por tensiones previas entre ambos países por temas de lucha contra el narcotráfico, política internacional y sanciones unilaterales impuestas por Washington.
La reunión —la primera entre Petro y Trump desde que este último volvió a ocupar la Casa Blanca— tiene lugar en un momento complicado para las relaciones bilaterales. En semanas anteriores, Trump había lanzado duras críticas contra Petro, incluso acusándolo públicamente de tolerar el auge de cultivos ilícitos y cuestionando el papel de Colombia en la guerra contra las drogas, temas que estarán sobre la mesa de discusión en la Oficina Oval.
A pesar de la frialdad inicial del recibimiento, ambos mandatarios iniciaron el diálogo con la intención declarada de buscar puntos en común en áreas de cooperación estratégica, aunque expertos señalan que la atmósfera refleja una relación diplomática más pragmática que cordial.
El encuentro, que se desarrolla a puerta cerrada, es considerado clave tanto para la política exterior colombiana como para la percepción internacional del Gobierno de Petro, y podría influir en la manera como se abordan temas críticos como seguridad, narcotráfico y comercio entre Colombia y Estados Unidos.

