Bogotá, enero 2 de 2026 – El vallenato despide a Emiro Zuleta Calderón, compositor esencial en la historia del género y autor del recordado paseo ‘La Paz es mi pueblo’, quien falleció en Bogotá, ciudad donde vivió por más de 60 años. Tenía 85 años y había nacido el 18 de septiembre de 1940 en La Paz, Cesar, territorio que inspiró gran parte de su obra musical.
Aunque mantuvo un perfil bajo y se mantuvo al margen de los grandes circuitos comerciales, Zuleta Calderón fue una figura clave en la consolidación del vallenato durante la década de 1970. Su composición más emblemática trascendió el ámbito artístico para convertirse en un símbolo identitario de su municipio natal, al retratar con sensibilidad la vida, los paisajes y las costumbres de La Paz.
Su nombre quedó inscrito en un momento decisivo del vallenato moderno con la aparición, en 1971, del conjunto de Los Hermanos López junto a Jorge Oñate. En el álbum ‘Lo último en vallenato’, cuatro canciones de su autoría marcaron el inicio de una relación artística duradera con el ‘Jilguero de América’, quien se convirtió en el principal intérprete de su repertorio. Temas como ‘Recuerdos’, ‘Diciembre alegre’, ‘Vámonos compañera’ y ‘La Paz’ alcanzaron amplia difusión y reconocimiento.
Durante los años setenta, su pluma fue acogida por destacados exponentes del folclor, que grabaron canciones como ‘Corazón vallenato’, ‘Razón y olvido’, ‘El cambio’, ‘Barranquillera’, ‘Igual que aquella noche’, ‘Remembranzas’ y ‘Adiós amor’. Su estilo se caracterizó por una narrativa íntima, cargada de metáforas, nostalgia y una profunda conexión con el territorio.
Aunque vivió en Barranquilla y luego en Bogotá, donde se desempeñó como contador público, Emiro Zuleta Calderón nunca rompió el vínculo creativo con su tierra ni con el universo vallenato. En su juventud compartió caminos con figuras como Leandro Díaz, sin imaginar entonces la trascendencia que tendría el juglar guajiro en la historia del folclor.
Su vida y legado han sido objeto de estudios y reseñas periodísticas, entre ellas el perfil publicado en 2019 por el periodista Mauricio Pichot, y los análisis más recientes de Eddie José Dániels García, quien lo definió como “el insigne poeta del corazón vallenato”, resaltando su aporte estético y emocional a una de las etapas más influyentes del género.
Con su partida, el vallenato pierde a un creador silencioso pero fundamental, cuya obra ayudó a transformar la vivencia cotidiana en memoria musical colectiva y a darle profundidad lírica a la música de acordeón.

