“Apenas son cuatro calles, las recorremos rápido”, nos dijo Oscar, el guía turístico que nos encontramos a pocos metros del rio Magdalena cuando el tablero de mi celular marcaba una temperatura de 32 grados a las casi seis de la tarde. La humedad no quise ni mirarla, porque es el efecto psicológico que en mí causaría, haciendo que sintiera la camiseta pegada al cuerpo cuando hacía pocos minutos me había duchado en la habitación del hotel San Andrés, en pleno centro histórico de Mompox cuya construcción, según el personal que allí labora, date de hace 370 años. Precisamente estaban de aniversario, así que recibimos un descuento del 40 por ciento por hospedarnos en un lugar que me hizo recordar la casa de los Araujo Castro en el marco de la plaza Alfonso López de Valledupar.
Cuatro calles apenas, fáciles de recorrer, hasta a pie podríamos, pero insisto, la humedad nos hubiera consumido a mi esposa, mi cuñada y a mí, tres cincuentones que nos subimos cual niños de 16 años , a un moto carro que le sonaba hasta la pintura, y que se movía con tal destreza por las calles históricas de aquel pueblo que en pocos minutos se me metió en el corazón.
Oscar no nació en Mompox, de entrada su acento lo delataba, había nacido hacia cincuenta años en la ciudad de Bucaramanga, muy lejos de estas tierras a las que llegó, como buen cachaco – todo el que no hable como nosotros lo es – después de recorrer el país huyéndole a un amor que había llegado a su final, y dejando en el camino a dos pequeños hijos junto a una mujer que él no aguantaría más. “ La dejé antes de que eso terminara en tragedia” nos dijo.
Un moto carro cuyo motor sonada demasiado, no era impedimento para que en medio del ruido la voz de nuestro guía turístico se alzara contándonos toda la historia que encierra cada calle, cada edificio, cada pared. “ Esta es la casa de Maye, donde se grabó la novela de ella” nos dijo cometiendo una imprecisión; se trataba de la casona donde se grabó por allá en los años noventa, parte de la telenovela Escalona, que hasta ese entonces creía yo, solo había sido producida en Valledupar.
La casa de Maye es grande, blanca, idéntica a como aparece en la novela. En ella residía La Maye, interpretada por Florina Lemaitre, la novia del compositor de Patillal, interpretado por Carlos Vives cuando era joven y no tan famoso hasta que comenzó a interpretar la música más hermosa del planeta tierra y sus alrededores.
Es entendible que en Mompox se hayan producido tantas telenovelas y películas, como Crónica de Una Muerte Anunciada, La Muerte de Colmenares o La Momposina. Nadie puede dudar que una foto, un video grabado en estas calles, se convierte de la nada, en una antología inolvidable, en una pieza de arte que se quedará en el corazón de cualquiera, como ocurre con el Festival del Jaz que desde hace 14 años se celebra en este municipio declarado como Patrimonio de la Humanidad.
“ ¡Un festival muy nuevo!”, dije. Claro, mi referente es el Festival Vallenato que casi completa los 60 años. No obstante, es, de acuerdo con lo que investigué y según me contó Oscar, el Festival del Jaz es el segundo pretexto para visitar este pueblo, después de la semana santa, que es la segunda más importante del país después de la de Popayán.

“ Los voy a llevar a las iglesias que tenemos aquí” nos dijo Oscar. ¿Y cuántas hay?, pregunté. Seis, pero hubieran siete si no una de ellas no hubiese quedado incompleta, tan solo con el campanario. En esa edificación no se hospedan santos hoy día, sino políticos. Es la sede de la alcaldía.
¡Seis iglesias en solo cuatro calles! No lo podía creer. Ya dos a solo dos calles, como la de la Concepción y el Convento en Valledupar, me parecía exagerado.
¿Es fe?. Quisiera creer que sí, pero el templo de Santa María solo tenía alrededor de diez feligreses en la misa de 7, mientras el sacerdote predicaba cual pastor protestante en tono elocuente e imperativo, un mensaje cien por ciento bíblico y cristo céntrico, cosa que, a un cristiano protestante como yo, sorprendió positivamente.
Quien tiene una historia tiene turismo, y quien tiene turismo tiene riqueza. Y Mompox sí que la tiene. Nada más y nada menos que fue el primer territorio que declaró su independencia de España en 1810, bajo el lema de “ser libres o morir” entre muchos otros datos históricos que se esconden en esta población a orillas del rio Magdalena.
Imposible es recorrer las calles del centro histórico de Mompox, concurridas, alegres, visitadas, y no preguntarse, ¿por qué el centro histórico de Valledupar está cada vez más solo, especialmente en las noches?. Imposible no preguntarse por qué aún en la capital del Cesar, no hemos despertado y entendido que tenemos tanta historia a la que le podemos sacar más provecho, no solo una vez al año durante el festival de la leyenda vallenata.
Ojalá en algún momento, despertemos y las ínfulas de ser un destino turístico, se meta de verdad en el ADN de cada habitante de la tierra del Cacique Upar, para ver si así, de una vez por todas, salimos del letargo en el que seguimos estando teniendo todo, para ser más importantes de Mompox.
Crónica de Limedes Molina Urrego
Febrero 14 de 2026

