Desde que comenzó este año, muchas han sido las llamadas de amigos  – no de encuestadoras – a preguntarme por quien votaré el 27 de mayo.  Las respuestas al principio eran de este tipo:

  1. Aún no lo he decidido.
  2. Por el que diga Uribe
  3. Por el que diga Poncho Zuleta
  4. Por el que diga Santos
  5. Por el que diga Timochenko
  6. Por el que diga la mayoría
  7. Por el que dicte mi conciencia
  8. Por el menos malo
  9. Por el que no haga trizas el proceso de paz, y eso que voté por el no.
  10. Por el que no deje que las Farc se tomen el país
  11. Por el que proponga una verdadera transformación del país
  12. Por el que proponga una transformación no chavista
  13. Etc, etc, etc.

Como pueden ver muchas respuestas se me han pasado por la cabeza, y de seguro, si usted no es un radical petrista o uribista, también ha tenido serias dudas por quien votar el 27 de mayo.

Pero bueno, por fin me decidí. Les voy a decir el santo y el milagro, aunque primero tengo que esbozar los motivos de mi decisión.

Lo primero sea decir que no soy apocalíptico ni mesiánico en política, y estoy seguro que suba quien suba al poder, ni busca acabar con el país, ni lo va a convertir en Suiza.  Los problemas seguirán con Petro, con Duque, con Vargas, con De La Calle o con Fajardo. En cuatro años estaremos viendo que los que hoy lloran están riendo y viceversa, o es posible que las cosas sigan igual. Eso sí, en cuatro años alguien hablará mal del otro, desconociendo todo lo bueno que se haya hecho durante el gobierno que estará llegando a su fin en 2022. ¿Por qué seremos así de bellacos?.

Lo segundo es que lamento profundamente que no se pueda tener un candidato que abrace de cada uno de sus contrincantes las mejores propuestas. Por ejemplo, por qué no apropiarse de la idea de una verdadera reforma agraria que permita a los más necesitados obtener tierras para producir. Por lo menos hay que reconocer que del cambio climático, ya comienzan a hablar los otros candidatos diferentes a Petro, quien de paso plantea dejar de depender de la minería, y no acabar de tajo con ella de un día para otro, como han querido venderlo los otros candidatos.

Pero qué bueno sería que dejáramos de creer que un hombre maduro aunque no viejo, como Iván Duque sería un títere de Uribe. ¿usted de verdad si cree que un hombre sentado en el trono de  la presidencia – porque esto es prácticamente un sistema monárquico – se va a dejar manipular de un ex presidente, por muy presidente que sea del Congreso?. Dejen de vender esa tontería que solo se lo creen los incautos.

Ahora bien, dejando claro que no creo que el mundo se acabaría sea cual sea el presidente que elijamos, les hablo de mi decisión.

Germán Vargas Lleras. Si,  si, ya se, ustedes dirán que me decidí por quien encarna el continuismo de la oligarquía colombiana o la corrupción de Cambio Radical. Tal vez sí, pero si voto por otro, ese será el próximo oligarca del país o el próximo corrupto de país.

Les confieso que al igual que a muchos de ustedes, a mí el hombre también me cae como una basurita en el ojo. He tenido el “honor” de lidiarlo, y sé que no es un tipo fácil. Pero, ¿acaso estamos eligiendo a mis simpatía?

Razones para decidirme por Vargas Lleras son varias. Se las enumero:

  1. El hombre tiene experiencia. Sabe cómo funciona el Estado, y no se tomaría el primer año para aprender a manejarlo.
  2. Tiene carácter. Este país necesita un presidente menos blandengue que el actual.
  3. Se le parará firme a las Farc y al ELN. Al primero para que no nos siga chantajeando con huelguitas de hambre y amenazas de acabar el proceso de paz. Y al segundo para que se sienten a dialogar sin incoherencias entre lo que dicen y lo que hacen.
  4. No haría trizas el proceso de paz. Si bien es cierto, y como lo dije antes, voté por el No, debemos reconocer que más hemos ganado silenciando los fusiles que manteniéndolos activos.
  5. Creo en el modelo económico. No pretendo que la gente desista de ensayar un modelo socialista, pero yo en lo personal, no creo en un país donde las cosas no se ganan con el esfuerzo.

Sé que la tiene dura mi candidato.  Eso no lo dirán quienes trabajan en esa campaña y mucho menos Vargas Lleras, pero las posibilidades de perder existen, como la misma posibilidad la tienen los otros candidatos, porque solo se elige un presidente, y no hay premio de consolación. Ahora, si mi candidato no pasa, la veo difícil para la segunda vuelta. Por ahora mi candidato a segunda vuelta, si Vargas Lleras no está ahí, es  el señor blanco, porque de que voto, voto. ¡Es mi derecho¡.

 

Por Limedes Molina Urrego

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