Eran casi las 7 de la noche del 15 de septiembre de 1999 y yo me encontraba de turno en los estudios de la emisora RCN Radio en Valledupar. No recuerdo la razón por la cual le marqué a mi colega Guzmán Quintero Torres al teléfono fijo del periódico El Pilón, donde él era el jefe de redacción. De seguro quería que compartir con él alguna inquietud acerca de nuestra labor en común. Era casi la hora de cierre en los periódicos y noticieros y el corre corre era estresante. Sin embargo Guzmán se quedó enganchado conmigo al otro lado del auricular; hablamos y hablamos hasta más no poder. Lo que si recuerdo era el motivo de la charla; Guzmán era además del mejor redactor, un hombre que amaba la radio, así que el tema central era ese, la pasión que compartíamos, las ondas hertzianas.  Teníamos planes juntos y estábamos cocinando un proyecto para volver a hacer radio,  como había ocurrido dos  años atrás cuando tuve el privilegio de acompañarlo en Macondo Radio, emisora a la que junto a Galo Bravo, Aquiles Hernández entre otros, había resucitado. Yo era un pelao al que Guzmán le encantaba mandar a motilar como a un hombre, porque según sus palabras,  el hongo no era para periodistas serios.

Al día siguiente, un poco más de 24 horas después de esa amena y larga charla, un sicario le cegó la vida a Guzmán cuando apenas comenzaba a disfrutar de un momento de integración al lado de los colegas Edgar de la Hoz y Oscar Martínez. Esas balas no solo mataron a Guzmán, también nos partió en dos el alma a quienes lo queríamos, respetábamos y admirábamos.

Han pasado 20 años, y aunque no hay el primer condenado por el asesinato de Guzmán, los sentimientos son encontrados porque la justicia ha declarado como delito de lesa humanidad el crimen. Eso por lo menos es una luz de esperanza que se prende para que se haga justicia.

Un libro escrito por su hermano Yuri Quintero, titulado, ¿quiénes y porqué asesinaron al periodista?, fue una de las piezas claves que hizo que la justicia siguiera cojeando, pero ahora por lo menos no se decidiera a tirar la toalla cerrando el caso.

Hoy los sentimientos son encontrados para la familia de Guzmán Quintero Torres, dice su hermano Yuri, quien asegura que el crimen de Manso, como lo llamaba, es un crimen de Estado.

La mañana siguiente del crimen de Guzmán, entré a la antigua morgue ubicada en el hospital Rosario Pumarejo de López. Encima del mesón donde se practicaban las necropsias, estaba el cuerpo de mi amigo y maestro. Aún su cuerpo estaba algo manchado de sangre y semidesnudo esperaba el procedimiento que determinaría exactamente cuántos tiros había recibido. Nunca olvidaré esa imagen de un hombre inocente inmolado.

Ese mismo cuerpo fue llevado posteriormente al cementerio Ecce Homo, donde luego de ser sepultado, una mujer joven y hermosa, debajo de un árbol, fue rodeada por los colegas de Guzmán. Era Alcira Vitola, su esposa, la mujer que le dio dos hijos, y quien sacando fuerzas de donde no tenía, decidió inmediatamente, ofrecer su perdón a quien o a quienes, habían cegado la vida de su compañero de vida. Una lección en un país que aún solo hablaba de guerra, más no de perdón.

Alcira y Guzmán se conocieron en una reunión social. La amistad nació muy rápido y el romance también. Ambos estudiaban sus carreras en la ciudad de Barranquilla. Él ya estaba terminando comunicación  social, y ella apenas iniciaba psicología. La propuesta de matrimonio no tardó mucho, y el si por parte de Alcira tampoco se hizo esperar.

Pero ser la esposa de un hombre que dormía poco y trabajaba mucho, no era nada fácil. Un radio encendido en la habitación mientras intentaban descansar, era motivo de diferencias entre ambos recuerda Alcira

Hoy, 20 años después, su hermano Yuri Quintero cree que de estar vivo Guzmán estuviera dedicado a la academia y al periodismo. Eso sí, viviendo en Valledupar, ciudad a la cual amaba aunque había nacido en Carmen Norte de Santander.

Alcira también cree que Guzmán estuviera trabajando como maestro de las nuevas generaciones de periodistas, pero si cree, que vivirían en otra parte.

20 años sin Guzmán Quintero Torres, las nuevas generaciones tienen la obligación de estudiar sobre la vida de este maestro del periodismo, que muy joven, se fue a la eternidad por el capricho de quienes insisten en vivir en la violencia y en callar a quienes los denuncian y queremos un mejor país.

Crónica

Por Limedes Molina Urrego

 

 

 

 

 

 

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