A mí sí me agradó que los señores de las FARC, ahora en la vida política hayan decidido continuar con su nombre manchado de sangre. Me gustó la decisión porque no nos creyeron tan pendejos a los colombianos, al utilizar un nuevo nombre,  como si vistiendo a la mona de ceda, no iba a seguir siendo mona.

Tenemos fama de olvidadizos en Colombia, pero a esa “cualidad” no le apuntaron los señores de las FARC para crecer políticamente. Hubiesen podido hacerlo, pero no, por lo menos en esto le fueron sinceros al país. Se quedaron siendo las FARC, y así se quedarán siempre. ¿Sinceridad, cinismo, terquedad?. Las razones no las sabremos nunca, pero se les agradece el gesto, porque aunque a la sigla le quitaron el EP, y le colocaron una extraña flor roja, todo el mundo sabe quién hace parte de la ahora organización política. Es más, ahora sabemos incluso, quienes hicieron parte de ese grupo en la sombra, y solo salieron del closet cuando  se firmó la paz.

La flor de las FARC es roja, como la sangre que derramaron por más de cuatro décadas. Tiene una estrella de cinco puntas en su centro, como los amuletos o talismanes usados por algunas sectas. ¿Tendrá eso algún significado real?. No sería extraño, los publicistas no dan puntada sin dedal.

Pero el logo símbolo de las FARC alborotó el avispero, a tal punto que hasta salieron a demandarlo porque eso revictimiza a las victimas pues al ver ese símbolo por ahí en las calles, quienes sufrieron por el accionar de la guerrilla, volverán a sufrir, como si el verlos en la tele o en cualquier plaza pública echando sus discursos, no fuera suficiente karma.

Yo celebro la decisión de las FARC de mantener su razón social. Eso  servirá como pastilla para la memoria dada a diario a un país que tiende a olvidar muy fácilmente. ¡Que peligro olvidar el dolor que los camaradas causaron!

 

Por Limedes Molina Urrego

@LimedesMolinaU

 

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