Los bolivianos celebraron como si hubiesen ganado mundial, o como si el derrotado fueran Brasil o Argentina, los equipos más encopetados del vecindario. El triunfo uno cero frente a Colombia, fue para ellos alcanzar la gloria. Un cuarto de hora, que los verdes, se merecen celebrar.
Pero, ¿qué dice esa actitud de Bolivia cuando triunfaron ante Colombia? Pues que ellos ven algo que nosotros por acá, o por lo menos los expertos críticos y criticones no alcanzan a ver: ¡Tenemos una selección que mete miedo, que inspira respeto!. Mientras los bolivianos sí lo perciben, nosotros acá destrozamos a los muchachos dirigidos por Néstor Lorenzo, ese técnico que llevaba dos años sin perder con una selección Colombia que nos ha devuelto las esperanzas en el futbol.
Si bien es cierto el fanático del futbol es así por lo general, apabulla y menosprecia a su equipo cuando pierde – cosa que se ve con todos los clubes y selecciones del mundo- es en Colombia donde somos los campeones en criticar. No habían pasado dos minutos después de que el árbitro diera el pitazo final, cuando comenzamos a leer y a escuchar los comentarios más duros contra unos jugadores a quienes les tocó bailar con la más fea, jugar a una altura de más de 4 mil metros sobre el nivel del mar. Y a pesar de sacar su casta a la hora de plantarse en la cancha, nuestro equipo terminó sorprendido por señor golazo.
Se nos olvidan varias cosas, lo primero es que no jugamos solos, lo segundo es que no éramos locales, lo tercero es que al fin de cuentas alguien tenía que ganar, y alguien que perder, esta vez fuimos nosotros.
Yo por lo pronto sigo con mi camiseta puesta, con mucho orgullo hasta el final mi selección.