Hace casi ya una década el departamento del Cesar cayó en manos de unos indolentes depredadores del tesoro público, y la desidia sobrecogió las cuatro esquinas del territorio, con ellos llegó también la ineptitud y la corrupción político administrativa, que hoy más que nunca tienen al Cesar ocupando lugares de vergüenza a nivel nacional en todos los ámbitos.

La falta de planeación, la ambición desbordada a niveles superlativos y el irrespeto por el marco jurídico vigente, tienen en esta última fase de la monarquía instaurada por el Clan Gnecco, haciendo zozobrar las principales entidades públicas del territorio.

Empecemos por el máximo ente de educación superior;  la UPC. La responsabilidad allí es compartida entre los Gnecco y el partido de gobierno; los primeros porque impulsaron al nefasto Enrique Meza quien con una nula actuación académica y administrativa tuvo un triste paso por el claustro educativo, y éste a su vez, en una alianza propia de los politiqueros de la peor calaña, en una vuelta de esas que sólo pueden dar los buñuelos en el aceite caliente, traicionó a sus jefes y se alió con Sergio Araújo entregándole la universidad cual botín en manos de filibusteros. A partir de allí se agudizó la crisis y se pasó de la UCI al coma, transitando por el valle de la muerte académica para el alma mater, lo anterior debido a que el señor Araújo se obsesionó con el servilismo de Darling Guevara para la rectoría, quien no cumple con los requisitos esenciales para ocupar dicho cargo, desafiando todos los pronósticos y en un oscuro proceso eleccionario resultó electa. Hoy contra ella pesan siete demandas de nulidad electoral ante el Consejo de Estado, corporación que cobijó su elección con una medida cautelar suspendiendo los efectos de aquel acto y separándola del cargo, allí empezó la odisea de los encargos todos dignos de un espectáculo circense. En esa pugnacidad entre Gnecco y Araújo las interinidades han hecho lo que les ha dado la gana con la universidad ocupando esta el penúltimo lugar entre las peores del país.

En materia medio ambiental, la entidad encargada de velar por éste renglón en el territorio, fue víctima del actuar atrabiliario e impositivo de los dictadores que persiguen a Corpocesar como un botín contractual, burocrático y de favores para la concesión de permisos ambientales sin que cumplan con los requisitos establecidos en la normatividad que rige el medio ambiente, fue así como sin tener en cuenta la misma reglamentación de la Corporación y desconociendo las reglas del concurso o convocatoria para proveer el cargo de director, instalaron como su ficha a Jhon Valle, a quien destituyó el Consejo de Estado, pero que antes de eso, también separó del cargo, y de nuevo se libró allí un pulso de poderes entre Sergio Araújo y su influencia en el ejecutivo nacional vs los Gnecco y su poder territorial, llevando al desgreño administrativo y financiero de la entidad del cual hoy se pueden ver penosas actuaciones como la solicitud y aprobación de un empréstito de $65 mil millones de pesos para la recuperación del río Cesar, cantidad y metodología en la que todos los expertos ambientalistas coinciden en que es insuficiente para salvar al río, pues todos finalmente sabemos qué pasará con esos recursos.

La última, la más vergonzosa y descarada jugada por parte de la Corporación tuvo lugar en el municipio de Aguachica, donde la directora encargada llegó vociferando con ínfulas de capataz, maltrató de palabra a los concejales del municipio y en particular no me queda dudas de que si hubiese tenido un perrero, los castigaba físicamente, todo porque la cómoda, precipitada y sospechosa posición de la directora en favor del traslado de 800 toneladas de basuras provenientes de Bucaramanga que ella avalaba con un concepto abiertamente contrario a la verdad, ya que el relleno sanitario de Aguachica colapsaría en una semana. Vaya a saber uno el porqué de aquella férrea postura en favor de unos residuos que no provienen del Cesar, muestra de las consecuencias del manejo politiquero que sufre la entidad.

La salud y sus trabajadores, ¡ay Dios, el Rosario Pumarejo! Allí el panorama es el menos alentador de todos, 18 meses sin pago al personal asistencial, médicos, camilleros, enfermeras, personal administrativo, de vigilancia y aseo no perciben salarios, ni la huelga de los 15 días de hambre, o el cese de actividades, mueven a compasión el corazón del gobierno departamental,  y eso que les dicen hipócritamente “héroes” al personal asistencial, pero es sólo en los medios, para quedar bien ante la opinión pública, porque después persiguen a los huelguistas, los despiden sin importar su calidad de aforados sindicales, es que nadie puede alzarles la voz a los todo poderosos Gnecco, el pasivo que ronda los 40 mil millones, y que compromete principalmente a la Secretaría de Salud, no está entre las prioridades del gobierno departamental, de hecho, los malos manejos en la actualidad tienen separada del cargo a la gerente de esta institución, la visita del Superintendente, del Ministro o Viceministro no sirven de nada, pues las quejas de los trabajadores y las asociaciones de usuarios al igual que las documentadas denuncias pronto se olvidan en las parrandas que les ofrecen a los altos funcionarios del Estado en las casas campo de la ciudad y que cuenta con la presencia de los congresistas cesarences.

Como fresa sobre el pastel, la novela trágica, llega a la gobernación en donde por segunda vez, en este periodo,  el gobernador del Cesar, el máximo estandarte de la casa Gnecco es suspendido y separado de sus funciones por la Corte Suprema de Justicia, al dictarle medida de aseguramiento consistente en detención preventiva, librada por los magistrados de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, en proceso que se surte contra el mandatario, por actuaciones irregulares de su primer gobierno, el nuevo capítulo lo abrió el PAE y el cotizado kilo de hígado a $65.400, con un presunto detrimento de 3.000 millones de pesos. Vuelve la interinidad de un gobierno que encabeza del titular andaba pésimamente, con indicadores de pobreza disparados, desempleo por las nubes, y corrupción rampante, ahora en manos de encargados y lo que ello contiene, son como la esfinge mitológica que a su paso dejaba mala suerte y destrucción, estos impúdicos politiqueros dejan atraso, pobreza, rezago y malos manejos. ¡Que Dios nos agarre confesados!, porque éste es un barco a la deriva

En manos de los cesarences decentes, consientes y capacitados está el derrotar la politiquería, los malos manejos, la compra de votos, las falacias, salir del oscurantismo y que vuelvan las oportunidades, para ello el primer paso es derrotar a su bancada de congresistas ineptos en las elecciones que se avecinan, ante lo cual, necesitando el barco un golpe de timón levanto mi voz y me ofrezco como piloto de la nave a Cámara de Representantes para salir del estado de postración en el que nos encontramos y como dice nuestro himno departamental; “rompamos las cadenas de la sujeción.”.

Por Luis Fernando Padilla.    

NOTA DEL DIRECTOR. Las columnas de opinión, son eso, opiniones. Este medio respeta todas las opiniones y no se responsabiliza de ellas.

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