Los que somos un poco mayorsitos tenemos aún fresco en nuestras memorias El Tarjetón. Para los que no lo recuerdan, les cuento. Era un bus de Transcacique, que atravesaba toda la ciudad. Y lo mejor, uno hacía ese recorrido pagando un solo pasaje.

Ese tarjetón salía como todos  los buses,  de la zona del Mercado, se dirigía al centro, pasaba por el barrio San Martín, llegaba a la zona de La Victoria, y atravesando otros barrios terminaba su recorrido en la  UPC en el balneario Hurtado. De ahí volvía cubriendo la misma ruta en viceversa. Sin proponérselo, eso sí que era un sistema.

Pero llegaron las mototaxis que comenzó a tragarse vivo a las empresas de buses. Los empresarios del transporte en vez de reinventarse,  se dedicaron a llorar como los hombrecitos de la fábula “ ¿Quién se ha llevado MI queso? De Spencer Johnson.

Y así, vivimos varios años sin ver buses rodar por la ciudad. Es por eso que celebramos con orgullo el arranque del SIVA, dándole absolutamente todo el respaldo,  porque fue un sueño hecho realidad.

Y aunque a decir verdad, no era lo que algunos habíamos pensado,  al fin de cuentas peor es nada.

Es por eso que nos duele que el sistema hoy, esté como está. Se perdió la mística de la mayoría de los conductores, ya no respetan los protocolos con los que comenzaron. Volvieron las largas esperas por parte de los pasajeros en las rutas, y algunas desaparecieron misteriosamente.

¿Qué está pasando con el SIVA?. Las quejas llueven y la gerente, la misma a la que le debemos el hecho de que este sistema sea una realidad, guarda un misterioso silencio.

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