• Señor, véndame una libra de ese queso –  le dijo un niño a un tendero
  • Eso no es queso, es jabón –  le contestó el tendero
  • Es queso, deme queso – le insistió el muchacho.

Era tanta la insistencia del joven, que el tendero le despacho jabón al joven. Lo rebanó como si fuera queso, lo pesó, y se lo dio.

El joven emocionado, tomó el jabón y lo mordió. Obvio, sintió el sabor del jabón.

  •  ¡Sabe a jabón, pero es queso!.

Es normal que así es el fanatismo. Te pueden estar dando jabón por queso, pero la ceguera, la terquedad, te lleva a insistir en que lo que estas comiendo es queso.

¿No les suena familiar? No vamos bien señores. Si bien es cierto Petro es conciliador, como lo dice hoy José Felix Lafourie, sus medidas económicas nos ponen a orillas de un abismo. Solo échele una revisada a lo que ocurriría si la reforma afecta la minería extractiva en el país. En solo el Cesar, el producto interno bruto de nuestra economía lo jalona en su mayor parte la actividad minera en cabeza de la Drumond. A mediano plazo veremos los resultados nefastos, y comeremos, no queso, si no otra cosa. Pero los fanáticos creerán que están comiendo torta.

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