Desde noviembre, la dulzura tiene un precio más elevado en Colombia. Justo después de un Halloween donde esperamos que hayan recolectado muchas golosinas, los consumidores enfrentarán un aumento en los precios de productos como gaseosas, chocolates y otros alimentos procesados. Esta medida surge como parte de los «impuestos saludables» que entran en vigencia en noviembre, afectando una serie de artículos que son populares en la canasta básica de los hogares. En medio de una economía titubeante y un aumento general en el costo de vida, estos nuevos impuestos añaden otra capa de presión financiera sobre las familias colombianas. La implementación se realiza con la intención de desincentivar el consumo de productos con altos niveles de azúcares, sodio y grasas saturadas, buscando mejorar la salud pública y generar ingresos que ayuden a financiar el sistema de salud del país.

Sin embargo, esta implementación ha sido recibida con escepticismo y preocupación por parte de la industria alimenticia y los consumidores. La Cámara de Alimentos de la Andi ha expresado que el impuesto, que empezará con un 10% y puede aumentar hasta un 20% en 15 meses, podría afectar negativamente el bolsillo de los consumidores, en un momento donde ya enfrentan desafíos económicos y una alta inflación.

La imposición también ha suscitado críticas acerca de su diseño y aplicación. Existe una preocupación significativa sobre cómo estos impuestos impactarán los precios y la accesibilidad de los productos básicos, especialmente en un clima económico ya desafiante donde las familias enfrentan decisiones difíciles respecto a sus gastos en alimentos.

Además, la industria ha resaltado complicaciones en la implementación, como la inversión ya realizada en etiquetado y la necesidad de reformulación de productos. La confusión sobre cómo y cuándo se aplica el impuesto ha añadido una capa adicional de complejidad, causando incertidumbre entre los productores y distribuidores.

El Ministerio de Hacienda, por su parte, sostiene que los impuestos solo afectarán a una pequeña porción de productos y anticipa un efecto inflacionario menor. La meta final de estos tributos es promover hábitos de consumo más saludables entre los colombianos y reducir las enfermedades relacionadas con la dieta.

Aunque la resolución está en firme y los nuevos impuestos están programados para entrar en vigencia, queda por ver cómo se desenvolverán estos cambios en la práctica y cuál será su impacto real en la industria alimenticia y los consumidores colombianos.

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